El Aroma Historia En Un Mundo

El aroma de la historia en un mundo de desaparecidos

Hay novelas como El olor del bosque, de Hélène Gestern Nancy, , que encajan perfectamente con la necesidad actual de distraer literariamente las horas. En este caso por dos motivos: el tiempo del confinamiento y sus casi páginas, y la capacidad de la autora de entretejer un puñado de conmovedoras historias dentro de la propia historia troncal, esa imagen que revela un rastro, un hueco y una presencia vacía, a los que abre paso un enigma que se remonta a la Primera Guerra Mundial. Enterrar y desenterrar, Gestern sabe cómo hacerlo, en eso consiste el truco que nos lleva a pasar hojas en El olor del bosque, una travesía en busca de los desaparecidos que ha tragado la tierra. Todo ello por medio de una atractiva mezcla de géneros: periódico, correspondencia y narración directa.

Élisabeth Bathori es una historiadora francesa dedicada a la especialidad bastante inusual de las postales históricas. Posee un ojo sensible para los pequeños detalles de la vida cotidiana. Una pérdida familiar la ha obligado a descuidar su trabajo durante meses. Entonces recibe una tarea muy especial que la despierta de su letargo depresivo. Una anciana le entrega un paquete completo de cartas de su tío Alban de Willecot, que le escribió a su amigo, el famoso poeta Anatole Massis, cuando era un joven soldado en la Gran Guerra. Ella quiere que estas valiosas cartas lleguen a manos expertas y puedan estar disponibles para el público. Cuando la anciana muere poco después, sorprendentemente hereda una pequeña e idílica casita en el campo. Allí Élisabeth encuentra algunos otros documentos interesantes mientras sale a flote en el medio rural y contrae nuevas amistades. Participa personalmente en las biografías de los fallecidos y el soldado, y las cartas de las trincheras se convierten en el punto de partida para la investigación de la peripecia familiar del joven De Willecot, que, aunque jamás regresó, sus descripciones dan una imagen vívida de la crueldad en el frente.

Pero, ¿qué fue de la correspondencia de vuelta, las cartas del poeta al soldado? ¿Quién es la misteriosa Diane? ¿Qué tiene su diario cifrado encriptado? Por razones profesionales, Élisabeth rastrea las líneas de vida, la historia y los secretos de diferentes personas de un modo que engancha al lector. La investigación emprendida lo conduce a través de la mitad de Europa y de la historia del siglo XX, desde la Primera Guerra Mundial hasta la Resistencia en Francia, durante el segundo conflicto bélico, y culmina en el presente. Las cartas, los diarios, las fotos medio veladas por el secreto y algunos recuerdos de los testigos oculares ofrecen una visión emocionante de un tiempo convulso que viene a confluir en el de la propia Élisabeth. Su enamoramiento y el relato histórico sobre el amor, la pérdida de los seres queridos y la desesperación se mecen en El olor del bosque de una forma entrelazada y con suficiente tensión.

Gestern tiene alma de detective, le gusta profundizar en los personajes, rastrear sus pistas como si se tratara de una coleccionista que aspira a activar en cualquier momento la memoria con ellas. O llenar los vacíos del recuerdo personal o colectivo, empujando de paso a la historia como es el caso de esta buena novela, en páginas y emociones, que acaba de ver la luz gracias la colaboración de Periférica y Errata Naturae, dos editoriales de irrenunciable vocación literaria. Leerla es ver pasar el tiempo entre silencios, en medio de sombras que se van iluminando por el camino hasta llegar a una conclusión que tiene todo el sentido del mundo. Un regalo.

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