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Cómo Almacenar Vitaminas

Hay dos tipos principales de vitaminas, vitaminas solubles en agua y vitaminas solubles en grasa, y la forma en que el cuerpo almacena o no el contenido de vitaminas tomado de los alimentos depende del tipo de alimentos. El cuerpo no puede almacenar vitaminas solubles en agua y esto significa que una persona necesita reponer su ingesta de vitaminas solubles en agua a diario. Las ocho vitaminas B y vitamina C son vitaminas solubles en agua y el cuerpo no puede almacenar contenido de vitaminas que es cualquiera de estos.

No es simplemente que el cuerpo no puede almacenar vitaminas solubles en agua, sino que también las vitaminas solubles en agua se destruyen fácilmente por el almacenamiento, manejo o cocción inadecuados de alimentos que contienen estas vitaminas. En particular, es importante no cocinar en exceso las verduras hirviendo ya que las vitaminas solubles en agua están en efecto lavadas de ellas, pero esta falta de ser capaz de almacenar vitaminas que son solubles en agua puede ser superada por la cocción ligera o al vapor y mediante el uso del agua que las verduras se han cocinado para formar salsas y salsas gravi. Como el cuerpo no puede almacenar vitamina C u otras vitaminas solubles en agua es esencial comer una dieta equilibrada con al menos 5 porciones de frutas y verduras para asegurarse de que hay suficientes vitaminas disponibles para el cuerpo cuando sea necesario y una persona no sufre de una deficiencia de vitaminas debido a la incapacidad del cuerpo para almacenar contenido de vitaminas.

Por otro lado, el cuerpo puede almacenar contenido vitamínico que es soluble en grasa. El cuerpo almacenará contenido de vitaminas en las células grasas para que pueda ser utilizado cuando sea necesario y una persona no necesita consumir tantas de estas vitaminas solubles en grasa sobre una base tan frecuente como lo hacen con vitaminas solubles en agua. Las células grasas almacenan vitamina A, D, E y K, ya que todas estas son vitaminas solubles en grasa.

También es importante almacenar los suplementos vitamínicos correctamente para asegurarse de que las cualidades beneficiosas de estos no se reducen. La mejor manera de almacenar suplementos vitamínicos es en un recipiente con una tapa de tornillo superior y mantener el recipiente en un lugar seco. Cuando usted almacena suplementos vitamínicos también es esencial comprobar que no se han mantenido más tiempo que la fecha de caducidad. El contenido vitamínico de los suplementos no se puede garantizar si usted almacena tabletas de vitaminas más allá de su uso por fecha.

Coronavirus Alimentos No Transmiten

Los alimentos no transmiten el coronavirus

La comida hay que manejarla siempre de manera segura y ahora, que vivimos en tiempos de pandemia, más que nunca. Lo recuerda la Universidad de Harvard EEUU, cuya Escuela de Salud Pública ha comenzado a publicar una guía de alimentos, nutrición y bienestar frente al coronavirus, en la que ofrece la última evidencia científica sobre cómo comprar, manipular y preparar los alimentos para evitar el contagio. La última actualización, con fecha de marzo, asegura algo que nos deja muy tranquilos: «No existe evidencia científica sobre la transmisión de la enfermedad por tocar alimentos o paquetes que hayan estado en contacto con el virus por toses o estornudos de personas infectadas». Dicho de otra manera, nadie se ha infectado por comer una manzana expuesta en una frutería o con la bolsa de la compra que le mandan a casa del supermercado. No se ha demostrado, al menos, que algo así haya ocurrido.

Aún así, la institución americana, reconocida internacionalmente como una de las más relevantes voces autorizadas en materia de salud pública, recuerda que a la hora de la compra no sólo hay que tener en cuenta las tan escuchadas normas de distanciamiento social de , a dos metros de distancia entre personas, sino también otras. Son las que tienen que ver con cómo manejarse de la manera más saludable al comprar los alimentos en el supermercado y después, al manipularlos cuando llegamos a casa. «Hay que actuar con prudencia, sensatez; y en estos días con más higiene de lo habitual», resume el médico nutricionista Javier Aranceta, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria SENC.

Ojo con las cestas y el carrito

El mayor riesgo de contraer la enfermedad se encuentra, según explica, no en el género, sino en las asas del carrito o de las cestas de la compra. De ahí, lo importante que resulta llevar las manos lo más higienizadas posibles, lavadas e impregnadas con una solución hidroalcohólica; y volver a sanearlas después, al volver a casa.

Aunque no hay pruebas de que la enfermedad se haya contagiado por comer o tocar un alimento, es mejor comprar productos envasados y, siempre que sea posible, meterlos en bolsas uno mismo para evitar que anden por muchas manos. El virus puede depositarse en superficies de plástico y de cartón. Lo ideal sería que al llegar a casa todos los productos envasados, como la leche o las galletas, se dejaran en un lugar apartado durante tres o cuatro días antes de volver a manipularlos. Así nos aseguraremos que el bicho ya no nos puede hacer ningún daño.

Deje unas zapatillas en la entrada de casa y acostúmbrese a guardar no en el mismo sitio, pero cerca, el calzado que utiliza en la calle. Tranquilo, no va a estar contaminado, pero si lo está, no esparcirá microbios por su hogar.

Tire bolsas y cartón

También es importante deshacerse cuanto antes de los guantes utilizados en la compra y de todas la bolsas de plástico y cartones que traigamos del súper. Así, si hay algún resto de virus en ellos se irá al contenedor de reciclaje que corresponda al envase. Las asas de nuestro carrito o bolsa personal es mejor higienizarlas con una toallita o papel impregnado de gel hidroalcohólico.

Las verduras y tomates, todo lo que vaya a utilizar en su ensalada –salvo lo que viene enlatado, claro– déjelo en remojo con agua y un par de gotas de lejía alimentaria durante minutos. La fruta basta con que la pase por el grifo de agua fresca, pero lávela bien, no se conforme con un remojón. Determinadas frutas, como unas fresas, pueden arruinarse con la lejía, porque su sabor fuerte penetrará hasta el corazón de la pieza. La verdura de cocinar también basta con lavarla, pero a conciencia. No tenga miedo, pero cuídese. Queremos seguir viéndole.

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